¡Joaquín Díaz García, gracias por todo!

La muerte del reconocido activista murciano Joaquín Díaz García deja un vacío que es necesario ir llenado cuanto antes y para lo que será necesaria más de una persona porque su solidaridad era tan inmensa que pocas personas podrían igualarla.

Viernes noche, recibo una llamada con una nefasta noticia: Joaquín Diaz ha muerto.

Desde entonces, casi una semana, un opaco velo de estupor rodea mi existencia. No contar con la presencia de Joaquín Díaz, su permanente ausencia desde ese viernes, no es una carencia ordinaria, no es una carencia cualquiera, es un vacío muy difícil de llenar, y no hablo de mi, que también, sino de ese vacío que deja en Murcia, en la Región de Murcia y allí donde él haya llegado.

Joaquín Díaz luchaba todos los días por los Derechos Humanos, tanto en las calles como en las redes sociales, y lo hacía con respeto, un respeto que cada día parece ser más complicado de encontrar.

Ya estuviese yo haciendo algo útil para el bienestar común o no, sabía que Joaquín sí estaba ahí. Mientras la mayoría de las personas estaban estudiando, trabajando, cuidando de su familia, Joaquín estaba luchando por sus derechos, mostrando públicamente la misma solidaridad que mostraba cuando nadie miraba.

Joaquín era la misma persona delante de la cámara que detrás de la cámara, era la misma persona que hablaba públicamente a un micrófono y luego, ya sin micrófono, contigo. Puedo afirmar esto de muy pocas personas que están en primera línea de una lucha social; hay quienes pretenden ser protagonistas antes que contribuyentes al bienestar social, no era el caso de Joaquín, él aportaba más de lo que se podía ver, no buscaba ser centro de atención ni merecedor de reconocimiento, sólo favorecer la consecución de las reivindicaciones justas y dar visibilidad a las injusticias enterradas por quienes dictan a la ciudadanía en dónde tenemos que poner la atención en cada momento.

Con Joaquín no había favor por favor, su solidaridad era auténtica, no estaba adulterada por intereses espurios. Él sabía muy bien que la ayuda hay que ofrecerla sin esperar a que te la pidan, y practicaba esa enseñanza. Hay quienes se exceden de ambición, pues Joaquín se podía exceder en solidaridad, y vaya si lo hacía. Prefería ayudar a quién no lo merecía antes que equivocarse denegando la ayuda a quien si la mereciese aunque no lo pareciera. La solidaridad es eso: no es perfecta, no siempre acierta, pero es lo mejor que tenemos.

Diferentes personas conocimos a Joaquín en diferentes contextos, yo le conocí en la reivindicación por la única sala de cine ACCESIBLE de Murcia: el cine Rex. Que sí, que será muy importante cultural y patrimonialmente, pero el cine Rex era la única sala de cine de la ciudad de Murcia apta para cualquier persona, sin importar si se desplaza con sus propias piernas, con una silla de ruedas, ayudada con muletas, si tiene una edad u otra, en definitiva: accesible.

Cierto, no lo he dicho, Joaquín se desplazaba en una silla de ruedas manual y eso le hacía sufrir todas y cada una de las barreras arquitectónicas de nuestra querida ciudad de Murcia: TODAS.

Sin embargo, para largas distancias se desplazaba en su coche, y consciente de que para esas distancias éramos otras la personas con movilidad reducida quienes sufrimos la nefasta y negligente gestión del transporte público en Murcia y en la Región, Joaquín se ofrecía, sin pedírselo persona alguna, a trasladarnos a lugares muy distantes de donde él debía llegar, vamos, que «no le pillaba de paso». En esos trayectos aprendí mucho con él.

Claro, esa es otra, con Joaquín se podía aprender muchísimo, sólo era necesario querer aprender. Era de esas personas que respondían a preguntas que no hacías, lo que te daba la oportunidad de ampliar tus conocimientos a campos impensados. Su amplios conocimientos en Historia y sus ganas de compartirlos hacían de su compañía un viaje hacía ser una mejor persona; porque se protege lo que se ama y se ama lo que se conoce, y Joaquín aportaba muchos conocimientos.

Leyendo mientras escribo me doy cuenta que es la primera vez que hablo de Joaquín en pasado, en concreto, en pasado imperfecto; porque sí, con Joaquín compartí un pasado nada perfecto donde nos encontramos un día porque ambos queríamos mejorarlo. Ahora me hallo en un presente, que más que ser simple, la ausencia de Joaquín lo convierte en un presente simplón, en un presente que no es un regalo, en un presente que falta alguien presente, en un presente sin Joaquín que me resulta un tanto subjuntivo y que condicionará mi futuro y el futuro de todas y cada unas de esta Región de Murcia y más allá, tanto si tuvieron la oportunidad de conocer a Joaquín, Joaquín Díaz García, como si no.

Con esto acabo. Sí, he utilizado muchos juegos de palabras porque tanto a él como a mi nos gustaba jugar con todas las ambigüedades que nuestra lengua nos proporciona, y era un gesto ulterior que quería tener con él. Por suerte, todo mi reconocimiento hacía él se lo transmití en vida, nada me quedó por decir aunque querría seguir hablándole y escuchándole, pero, quizá, no lo hice público suficientemente.

A todas y cada una de las personas que sienten y lamentan su muerte, un fortísimo abrazo.

Cecilio

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